2020-06-08
El sábado me mudé a Pekín para trabajar.
Volver a trabajar en Pekín me resulta un poco extraño; todo ha cambiado. Para empezar, he perdido mi puesto de trabajo (Xiuyun contrató a un becario y, para mayor comodidad, mi puesto se lo ha dado a su becario). De todas las pérdidas, esta es la que más me incomoda. Es como cuando en segundo de bachillerato me cambié a la clase uno y me senté en un sitio nuevo, sin conocer a nadie, sin ganas de hablar con ellos. La gente aquí me resulta familiar y a la vez desconocida; siento que tengo pocos amigos, aunque sé racionalmente que es una impresión falsa. Pero la sensación de no querer comunicarme con nadie, de querer esconderme en un rincón, es real. Y efectivamente me he buscado un rincón, al lado de Yuzhang. ¿Por qué no quiero comunicarme? Sigo sin entenderlo. Quizá porque no tengo una razón clara? Cuando me preguntan por qué he venido a Pekín y cuánto tiempo me quedaré, respondo evasivamente “un tiempo, uno o dos meses”. O quizá demuestra que en el fondo soy una persona introvertida, que no quiere complicarse, que le importa mucho la imagen que da a los demás, especialmente parecer tonto. Pero cuanto más escribo, más creo que la segunda razón tiene más peso y es más innecesaria. Al fin y al cabo, parecer tonto es mejor que ser realmente tonto; pedir ayuda a los demás en serio, aunque sea torpe, está bien. No tengas miedo. No tengas miedo cuando eres joven. No tengas miedo nunca. Todo va bien.
Ahora sobre el trabajo: este tiempo he estado ocupado con la entrega del proyecto, principalmente con la reestructuración del TLM (typed lane model). Esta vez debo tener claros los objetivos y controlarme a mí mismo, no reestructurar impulsivamente, sino hacerlo con estrategia y controlando mi progreso.
Además, he conseguido arreglar mi ordenador de sobremesa. Resulta que antes no podía conectarme a Internet porque cambié la contraseña, y después de un corte de luz, la red se perdió por completo. Así que tuve que montar el equipo de nuevo. Esta vez los objetivos, por orden de prioridad, son:
- Productividad
- Estilo
- Estética
Hoy he estado leyendo mucho el blog de Wang Yin — sigo desintoxicándome. Antes era como un fanático religioso, no veía la esencia de las cosas. Siempre pensaba que algo era la solución definitiva para todos los problemas, pero en realidad esa “solución definitiva” rara vez existe; la mayoría de las veces no es más que fanatismo religioso, por ejemplo:
- Vim vs Emacs
- OOP vs FP
- Go vs Rust
etcétera… Cuando empecé con la OOP, pensaba que era invencible, que resolvería todos los problemas, pero al final solo escribí una clase “TodoIgual”, que en realidad daba igual tenerla o no; lo útil eran las funciones dentro de esa clase. Más tarde (en los últimos dos años) descubrí la FP y pensé que era la bala de plata para todo, pero después de programar un tiempo en Scala, descubrí que mi productividad no mejoró; al contrario, me volvía menos eficiente por obsesionarme con la sintaxis y lo inmutable.