2023-09-16
Antes fui con mis colegas al Templo del Buda de Jade, donde hay imponentes estatuas doradas.
Miré fijamente sus ojos dorados, pensando que por dentro solo hay barro, y que la gente adora su propio corazón: “Te ofrezco un poco de incienso, para que el año que viene estés tranquilo y en paz”.
Cuando era niño, en mi casa había un cómic de Cai Zhizhong llamado Hablando del Zen (después conseguí los demás para leerlos). Por eso, cada vez que veo una imagen solemne del Buda, recuerdo aquello de: “Transmisión fuera de las escrituras, sin depender de palabras, apuntar directamente a la mente, ver la naturaleza y convertirse en Buda”. El Buda es una persona que ha despertado, no necesita adoración; más bien, quien ha despertado teme la adoración ajena. Porque toda adoración implica aceptar un orden superior a uno mismo. Los humanos, huérfanos del cosmos nacidos en esta tierra, ¿dónde hay un orden superior al ser humano?
De niño, despreciaba estos ídolos falsos.
Más tarde comprendí que muchas ofrendas formales son en realidad un intercambio: “Te ofrezco un poco de incienso, el año que viene debes bendecirme para que me haga rico”.
Solo se compra la paz mental de una conciencia iluminada y justa.
Los humanos somos criaturas que se alimentan de información. La información insuficiente vuelve loco a cualquiera. La mayoría de las cosas en este mundo son “buscar con método, obtener por destino; tal búsqueda no beneficia al logro, porque se busca lo externo”. Al tomar decisiones, la gente suele basarse en información insuficiente, con un componente de apuesta, lo que genera dudas. A veces, trabajar duro es solo una forma de construir una sensación de orden para sentirse tranquilo.
Pero la luna sigue siendo la luna, y el dedo que la señala no es la luna. Al final, no puedo engañarme a mí mismo para creer en eso.
Me vienen a la mente los recuerdos de cuando era niño y fui con mi abuela al Patio de la Fuente de Jade (Yuquan Yuan) frente al Monte Hua. Ella me decía: “¡Ve a adorar! ¡Mira cómo tocan el mokugyo (tambor de madera)!”
Dentro del templo, lo que más me llamó la atención fueron cosas que no eran las estatuas, como este bonito desagüe de lluvia en forma de loto bajo la lluvia. El agua de lluvia goteaba desde los aleros, pasaba por los agujeros del centro, y era recogida por pequeños lotos que luego la soltaban.
¡Por fin encontré la salida, a casa a dormir!
- 🧩 Un fragmento de vida